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Una escuela sustentable construida con residuos

Una escuela en Uruguay se construyó usando 2.000 neumáticos, 5.000 botellas de vidrio, 2.000 m2 de cartón y 8.000 latas y además produce su propia energía con paneles foto voltaicos y molinos de viento

Muchas escuelas en España y en otros países del mundo disponen de programas de concienciación ecológica. Algunas cultivan su propio jardín para concienciar a los alumnos del cuidado de la naturaleza, o cultivan sus propios huertos para concienciar sobre alimentación sostenible, o incluso usan energías limpias como las placas solares.

Pero en Uruguay hay una escuela que va más allá, una escuela que se puede considerar 100% ecológica.

Esta escuela rural, que puede albergar unos 100 alumnos de entre 3 y 12 años, se construyó en un tiempo récord de tan solo 45 días. La idea surgió de un grupo de amigos que después de ver el documental ‘El gerrero de la basura’, que cuenta la historia del arquitecto Michael Reynols y su empresa Earthship Biotecture.

Una escuela sustentable construida con residuos

A partir de ahí, empezaron a preguntarse si con este tipo de arquitectura sustentable se podría construir una escuela pública.

Este grupo de amigos crearon la organización Tagma para llevar a cabo el proyecto. Les siguió cuatro largos años para conseguir los permisos, la financiación y llamar la atención de Michael Reynols para que fuese el arquitecto del proyecto.

De desecho a educación

Cerca de 2.000 neumáticos, 3.000 botellas de vidrio, 1.500 botellas de plástico y 12.000 latas, junto con la madera, el vidrio y el cemento necesarios, se emplearon para construir el edificio de la escuela.

El proyecto, apoyado por 200 empresas e instituciones del país suramericano, se estima que costó menos de 350.000 euros y en su construcción participaron más de un centenar de voluntarios de 30 países, vecinos del pueblo de Jaureguiberry, alumnos de la futura escuela y sus maestros. Una construcción que implicó a toda la comunidad para que se la sintieran como própia.

A 80 kilómetros de Montevideo, la capital de Uruguay, existe una escuela distinta a todas las demás. Los niños de la localidad de Jaureguiberry, un pueblo donde viven 500 personas, asisten desde 2016 a la primera escuela en Latinoamérica construida de residuos y 100% autosustentable.

Las mañanas de los meses de julio y agosto en el hemisferio sur son frías, pero dentro de la escuela primaria número 294 se disfrutan de unos agradables 20ºC. Esta temperatura tan agradable se consigue gracias a que el edificio está orientado hacia el norte y enterrado en su parte posterior.

Por cómo está construido, se logra mantener la temperatura entre los 18 y los 25 grados centígrados durante todo el año sin necesidad de calefacción o refrigeración. Además, los paneles fotovoltaicos instalados en el tejado que auto sustentan la energía de toda la escuela y también pueden ayudar a conseguir una buena temperatura.

El techo del edificio también sirve para recolecta el agua de lluvia y la traslada a tanques con capacidad total de 30 mil litros.

Luego de un primer proceso de filtrado y bombeo, esa agua la utilizan los alumnos para lavarse las manos, luego para regar en el invernadero, después en los inodoros y tras dos cámaras sépticas, el agua residual termina su ciclo en un huerto.

Reynolds desarrolló lo que él llama edificios ‘NaveTierra’ diseñados para ser independientes y proporcionar al ser humano todo lo que necesita, sin depender de ‘ayudas externas’ (luz eléctrica, agua corriente, etc.).

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