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En tu mundo de pareja si das demasiado corres el riesgo de vaciarte.

El amor es una de las razones que más hace y más ha hecho sufrir al ser humano. Sobre todo cuando este no ha sido correspondido, es amenazado o, incluso, impedido. En nombre del amor se han librado grandes batallas y se han padecido graves consecuencias. El amor, al igual que nos encandila, nos hace felices y se convierte en el motor de nuestras vidas, pero también nos ahoga, esclaviza y nos destruye si no nos salvamos a tiempo. Esto último es lo que ocurre cuando nos entregamos al amor con una venda en los ojos y ofrecemos todo lo que tenemos hasta llegar a perder nuestra identidad.

Dar demasiado en una relación de pareja tiene un gran coste emocional. De hecho, no hay nada más intenso que estar enamorado. El corazón se acelera, apenas tenemos sueño y surge en nuestro interior la necesidad constante de estar con la otra persona. Tener a alguien a quien querer y que nos quiera nos revoluciona, sobre todo en el comienzo. Incluso algunas veces la otra persona puede convertirse en nuestro centro de gravedad dejando todo y a todos los demás en un segundo plano. Ahora bien, debemos tener cuidado y no caer en el error de dar todo por nuestra pareja y olvidarnos de nosotros.

A pesar de que amar a alguien conlleve experimentar y compartir nuestras emociones sin límites, dar todo con pasión y altruismo, debemos estar atentos a cómo nuestra pareja lo recibe y qué nos da a cambio. Si esta no valora nuestro esfuerzo y solo piensa en recibir de manera egoísta es mejor que nos detengamos a valorar qué está pasando. Porque dar para recibir reproches y exigencias a la larga nos frustrará, nos hará sentir vacíos y puede, que nos enganche a una relación no muy sana de la que nos cueste escapar, por el grado de destrucción que conlleva. Repito: dar demasiado en una relación de pareja supone un alto coste psicológico. La importancia de la reciprocidad

 

Reciprocidad 

Cuando esto ocurre, lo que sucede es que nuestra relación de pareja se ha vuelto asimétrica. Es decir, uno de los dos miembros de la relación siempre se esfuerza y sacrifica a favor del otro, soportando en ocasiones períodos de estrés, fatiga e impotencia, que a la larga desgastan y afectan a nuestra autoestima. Puede que esto ocurra porque se mantenga la idea de que sacrificarse por el otro es algo bueno y necesario o quizás porque pensemos que cuanto más se da, más amor hay.

Pero el amor no es tanto una cuestión de cantidad sino de calidad y, en este caso, esta última brilla por su ausencia. De hecho, el famoso psicólogo Walter Riso en relación a este tema afirma que “eso de que el amor de pareja no espera nada a cambio es un invento de los sumisos: si das, quieres recibir. Es lo normal, lo recíproco”.

Porque, ¿a quién no le gusta que su pareja lo valore o piense en ella para sorprenderla con algo que sabe que le gusta? Dejemos de practicar el autoengaño, convenciéndonos de que nuestra pareja cambiará, de justificar lo injustificable del otro y comencemos a abrir los ojos. Quizás lo que nos ocurra es que tengamos miedo a sufrir, a quedarnos solos o a no encontrar a otra persona que nos quiera y, por eso, nos conformamos con lo que tenemos.

 

Relaciones Sanas

Pero, en cuestiones de amor, conformarse es un gran error porque nadie nos obliga a nada. Además, una relación sana, que nos permite crecer, va de la mano de la reciprocidad. Y, para que esto ocurra, ambas personas tienen que haber aprendido a quererse a ellas mismas para luego aportar ese amor auténtico por el otro. A partir de ahí, la reciprocidad aparecerá en escena y se acompañará la mayoría de las veces de muestras de gratitud, interés y valoración del otro. No olvidemos que, como dice Riso, “la reciprocidad es la base sobre la cual se edifica el amor equilibrado”.

Por tanto, recibir es un derecho que tenemos cada uno de nosotros y una necesidad que alimenta nuestro corazón y contribuye a crear relaciones sanas, donde la reciprocidad es un pilar fundamental. Con tus relaciones no te conformes, si no te valoran no tienes porqué mendigarlo, pero recuerda quererte para ser capaz de poner límites y hacer que te respeten. Dar y recibir en las relaciones de pareja van unidos.

 

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